Un paseo por la historia

En 1986 la Dirección General del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid realizó la Carta Arqueológica de Boadilla del Monte, en la que se especificaban todos los yacimientos encontrados en la zona. Por su importancia arqueológica la Comunidad de Madrid calificó varias zonas de Boadilla del Monte como Áreas de Protección Arqueológica, algunas de ellas con la calificación de Bien de Interés Cultural, que se da a los lugares o parajes naturales en donde existen bienes muebles o inmuebles o restos de la intervención humana, susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, tanto si se encuentran en la superficie como si se encuentran en el subsuelo, bajo las aguas o en construcciones emergentes. Estas Zonas Arqueológicas son: La zona del Arroyo del Nacedero y el Monte Romanillos.

En la zona del Arroyo del Nacedero se halló concentración de industria lítica indeterminada (núcleos, módulos, lascas, etc.), en el denominado “Arroyo de los Pastores” al norte y al sur restos romanos en la zona más cercana a la ribera, conocida como la Pingarrona. Además, en el Yacimiento denominado el Sequedal, por donde ahora circula la M-50, se hallaron restos de la época celtibérica en la II Edad del Hierro. Por lo que se puede asegurar que Boadilla ha estado habitado desde tiempos remotos, pasando por romanos, visigodos, musulmanes. Muchos de los restos hallados, una vez estudiados y organizados, fueron llevados al Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares, donde se exponen.

Una de los principales zonas donde se han hallado varios restos arqueológicos son el Cerro de Barcelona, hoy ocupado por la Ciudad Financiera del Santander y el Cerro de San Babilés, donde quedan restos de la ermita.

En el siglo XVII Boadilla pasa de ser aldea de realengo (bajo la jurisdicción del rey) a señorío nobiliario. En 1626 el Marqués de Belmonte don Jaime de Cárdenas compra al rey Felipe IV el lugar de Boadilla, que está en venta como otros territorios del rey por encontrarse la corona en una situación económica bastante precaria. A su muerte, su viuda se encuentra con muchas deudas y decide vender el Señorío de Boadilla al licenciado José González, que se había ganado la confianza del rey Felipe IV y quien con mucho gusto autoriza su venta. El abogado José González no tenía títulos nobiliarios, pero había sido un fiel servidor del rey y de la mano de su valido el Conde-Duque de Olivares había ascendido rápidamente, obteniendo los cargos de consejero de Castilla, presidente del Consejo de Hacienda y, por compra, correo mayor y maestro de Postas del Reino de Navarra. Unos años después, en 1660, era nombrado gobernador del Consejo de Indias, dejando su puesto del Consejo de Castilla a su hijo Juan González de Uzqueta. A su muerte había acumulado una gran riqueza que pasa por herencia a Juan, casado con doña María de Vera Gasca y Barco, fundadores del Convento de la Encarnación de Boadilla, del que hablaremos con detalle en el capítulo dedicado a este monumento. Don Juan heredaba también de su padre las habilidades políticas e influencias para conseguir prestigiosos puestos. Fue fiscal del Consejo de Indias y Consejero de Indias y también miembro del Consejo de Castilla. A la muerte de don Juan su viuda se hace cargo del mayorazgo aunque, según decía, apenas reportaba beneficios y sí tenía grandes cargas fiscales (juros).

En 1692 muere doña María y como no habían tenido descendencia, sus bienes pasaron a una sobrina, hija del Conde de Toreno, doña Isabel María Queipo de Llano Dóriga y Valdés, casada con don Luis Félix de Miraval, jurista y político que ocupó varios cargos, entre otros fiscal y juez de la Chancillería de Valladolid y Presidente del Consejo de Castilla. Por su brillante carrera, el rey Felipe V le concedió en 1722 el título de Marqués de Miraval (o Mirabal) aunque, al parecer, años después perdería la confianza del rey, que le destituye de sus cargos, lo que hace que sus finanzas se vean mermadas considerablemente.

En el siglo XVIII Boadilla del Monte adquiere su mayor relevancia. Cambia su fisonomía con la construcción del conjunto monumental del Palacio y sus jardines. Con la llegada del Infante don Luis de Borbón pasa a ser de un desconocido y perdido lugar, a un real Sitio donde todo gira en torno a la corte del Infante. Sin embargo en el siglo siguiente el Palacio apenas era usado por la familia del Infante, la mayor parte del tiempo permanece cerrado y los habitantes de Boadilla continúan con su tranquila vida y su trabajo dedicado al campo, hasta que entrado el siglo XX da comienzo la guerra civil española. Boadilla por estar muy cerca de Brunete, donde se libró la Batalla del mismo nombre, quedó totalmente destrozada tras numerosos bombardeos. Al finalizar la contienda fue reconstruida por Regiones Devastadas, aunque no se llevaron a cabo todos los proyectos que se habían realizado. Después vendrían años de necesidades y apuros económicos hasta los años 60. En aquella época unos seiscientos habitantes poblaban Boadilla del Monte. Muchos madrileños prosperaban económicamente y se empezó a poner de moda la necesidad de veranear y pasar los fines de semana en los aledaños de la sierra y otros pueblos cercanos a la capital. Nació el concepto de la “segunda vivienda”, la adquisición de casas unifamiliares, que permitían a las familias darse un respiro de la fatigosa vida de la urbe. Proliferaron las urbanizaciones con piscinas y pistas de tenis, máximo exponente de lujo y modernidad. Los madrileños presumían del “chalet en la sierra” como demostración de buen vivir y poder adquisitivo. En Boadilla del Monte, hasta entonces pueblo rural sin ningún interés turístico, también se empezaron a construir este tipo de urbanizaciones, a las que hoy se conoce como “históricas” y en la actualidad se han convertido en primera y única vivienda para casi todos, debido a la mejora de los accesos a la capital y los altísimos precios de los pisos en Madrid. La fisonomía y la identidad de Boadilla sufrieron un cambio radical. Los lugareños quedaron en minoría con la llegada de un gran número de nuevos vecinos, sobre todo desde 1990, con la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, el cual permite construir miles de viviendas que alojan en pocos años a cerca de 40.000 habitantes, número que se duplicará en la próxima década.

Los textos han sido extraídos del libro “Boadilla del Monte. Historia y Testimonios”, escrito por Paloma Olmedo.

© de los textos: Paloma Olmedo del Rosal. Marzo 2007.

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