A Vuela Pluma

Publicado el 22 mayo 2013

VERBIGRACIA – Por Luis Marcos

Perdonad mi infrecuencia con el estilo. Pero es que he salido con la mierda pegada como un chicle a los tacones de  mis botas y he escupido hacia el suelo como   Clint Eastwood  después de asistir a varias comisiones  y  plenos. Y encima cuando paseo con sosiego alguien va, coge, me asalta, es  “la mesonera  mayor” soltándome a bocajarro el esputo de  ese aroma antañón del ajo,  a los ojos. Todo ello cuando ya me van menguando  las fuerzas, que no las ganas, en este tiempo pesado de volver y  volver al consistorio. Procuro,  en un renovado conato,  salirme  una vez más  del rebaño. Un  hereje este, oyes, tú.

Por consiguiente quiero hacer constar, para que luego no se asusten cuando se enteren,  si es que llegaran a enterarse algún día, que me iré por cansancio vital, casi sin fuerzas como el  pontífice, solo que yo habré intentado bajar  a ver las cloacas de la pestilencia, en la sentina de la nave o las alcantarillas de la ilustre DERECHONA, con  la silueta de mi mala sombra al borde del abismo. Siempre alejado y mucho ya del dogma que les enerva, genéticamente, con fe y la aquiescencia debida, señor, señor.  El silencio cómplice, interesado, trae estos barros adheridos a la fe del barquero o al dogma más inconsútil. Vamos a seguir mirando tanto despropósito,  por fas o por nefas sin sanidad, sin educación, sin pensión, sin casa, sin nada. Joder con el imperio del individualismo, el liberalismo de ultratumba, escatológico, epistemológico, psicalítico y apocalíptico. ¿Y LO  PUBLICO,  LO COMUN, lo que nos define, de ello que ha sido? Y de esta guisa toda la vida se  nos  va filosofando para terminar robando.

Por decirles algo más,  algo les digo hoy y algo les contaré  mañana pues ya no sé si iré o merecerá el esfuerzo siquiera  a ver llegar a  mis queridas ovejas  de la mano del “DUQUE DE BERWICK”, ojo avizor, parapetado en su todoterreno, con su derecho feudal en ristre, el de pernada, y la tropa de lanceros a su vera. Esos soldaditos del blanqueado y santo sepulcro donde el bueno de Lázaro “fetet”, tan silente. Gracias por el tocón de la encina, mi señor marqués. Vd. que desconoce la función social de la riqueza, que con su pan se lo coma, que los dioses se lo paguen. Para  mis colegas de sendero, ese rebaño, un respeto tened, os lo suplico, dejadnos corretear por estos pagos, solo eso o expropiamos, desamortizamos y que  la riqueza natural sea un bien muy público a respetar. Ese será el penúltimo sentimiento de un bracero, de un  rebelde,  de un impertérrito bendito,  descreído, o no. Perdón. ¿Quién es uno? – Subid el puente levadizo que llega el populacho, oigo decir, se filtra entre las verdinegras encinas el estridente  cornetín de Ezequiel. De esa guisa desde el siglo XV. Es que no van a cambiar ahora. Y que suenen los clarines y trompetas con la alborada de un mañana mejor.

Todos los granos de cereal no cayeron en tierra fértil, el mío sí, voto a Bríos, a Baco y a Valiño. Y sabemos ya que desde los faraones hasta aquí, aquella corrupción dio lugar a tumbas y pirámides, a reyes y validos, a pontífices y canallas. A Santiago matamoros, por poner un  ejemplo. Cielos así nos va. Por aquello y por los mismos males que nos  aquejan hoy,  paradoja triste,  tenemos  el espejo inundado de una  plétora de luises de variada fortuna: el Borbón, el Gonzaga, el Candelas, el Bárcenas, este que os deja aquí estas mínimas palabras. La historia se deconstruye. Distribuid vosotros mismos los papeles en el gran teatro.

Las cañas del arroyo de la fresneda son los lápices para dibujar las ranas en el arroyo seco. Sus enhiestos dedos  señalan hacia el cielo indicando el sendero donde a  esa charca  llegan los gansos o los cormoranes para pescar los fantasmas huidizos y dar la bienvenida a los caminantes,  a la sombra de las encinas en flor. La ilusión de los besos, abrazos fatuos como juguetes rotos  mientras yo voy mojo mi pluma en la fuente de la mina  e ilustro a quien conmigo va sobre cualquier suerte de reptil o batracio.

Me interrogo aquí, en esta hora menos cabal que hay de verdad en los procesos de socialización. Debería ser la justicia y ya ni eso. Donde los derechos humanos, constitucionales se avienen  con privilegios hueros, incumplidos. Ya en esta hora de completas la mentira es un alarde consuetudinario rindiendo pleitesía al poder maquiavélico.   Todo parece estar falsado: la religión, las monarquías, las dictaduras, las ideologías, los poderes económicos. El afán del lucro, los  políticos oportunistas, los banqueros sin alma que los sacan del talego, de  la trena porque no resiste su pituitaria el aroma carcelario, ay, unos y otros pos muchicientos millones de calderilla, el parné del crimen, del guante blanqueado, tal que así. Destruyendo con la mentira EL OBJETO SOCIAL DE LO COMUN que nos redimiría  de la estulticia, el egoísmo, de la nada menos nada. Viva lo particular, viva el individualismo malsano, todo honor a los emprendedores sin moral que tiene al jefe en el penal. La privatización sistemática no pondrá frenos al  lucro, ese robo sin piedad de “las innombrables”.  Siempre así y así, dios.

Me inclino hoy, aquí y ahora para admirar una hierbecilla tan solo, me enamoro de una sencilla flor y os la regalo. Nada más y me basta. Mañana, permitidme siga  susurrando  estos solitarios soliloquios desde mi silencio imperturbable.  Por lo menos, gracias.

Luis Enrique Marcos Medina



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